martes, 4 de enero de 2011

HISTORIA DE LOS JUDÍOS, ESOS TIPOS TAN ENTRAÑABLES (XII). Jorge Álvarez

Los judíos y el préstamo a interés


Por la época de la expansión del Islam y la creación de los dos bloques, los judíos eran los únicos que mantenían intactas sus redes comerciales. Los barcos musulmanes de Alejandría, por ejemplo, no podían atracar en el puerto cristiano de Marsella para descargar sus mercancías. Y lo mismo ocurría a la inversa. Sin embargo, un mercader judío de Alejandría sí podía enviar mercancías por barco a otro mercader judío de Marsella que a su vez se las podía hacer llegar a otro correligionario por vías terrestres y fluviales hasta Lyon, Metz o Maguncia (Mainz). Las comunidades judías amasaron grandes fortunas con el comercio entre ambos mundos y muchas de ellas florecieron de forma espectacular. Estas riquezas adquiridas con el comercio les permitieron dedicarse con creciente éxito a otra actividad que siempre les había atraído, el préstamo de dinero a elevadísimos tipos de interés. Habitualmente, los judíos suelen afirmar que su dedicación a la usura se debía a las prohibiciones que los cristianos les imponían para ejercer otras actividades. O dicho de otra forma, los judíos afirman que si se dedicaban a la usura era porque los cristianos no les dejaban otra alternativa. Este argumento tan repetido por los hebreos para intentar justificar su desmedida pasión por el dinero y la usura es tan falaz que resulta ofensivo para el sentido común. ¿Alguien en su sano juicio cree que alguien se hace banquero a la fuerza? A lo largo de la historia los pueblos que han sometido a otros los han obligado a construir ciudades, monumentos y obras públicas como peones de obra, a cultivar tierras en jornadas extenuantes, a servir como tropas de choque en sus ejércitos, a remar en sus galeras, pero, ¿cómo se puede obligar a alguien a prestar dinero al 60% de interés? Los judíos prestaban dinero, primero porque eran los que, con diferencia, más tenían, como fruto de su enriquecimiento con el comercio de productos de lujo entre el occidente cristiano y el oriente musulmán y, en segundo lugar, porque les encantaba ganar dinero sin esfuerzo y a costa de los despreciables gentiles.

Las autoridades rabínicas no veían con buenos ojos el préstamo con interés. Pero finalmente tuvieron que adaptarse a las necesidades del momento y tuvieron que ceder. Pues en todos los países cristianos - a excepción de España y la Italia Meridional - los judíos se vieron forzados, a pesar de sus ideas contrarias, a depender cada día más de esta profesión.”

 Este es un argumento recurrente que los historiadores judíos y pro judíos repiten como una cantinela en cualquier ocasión que encuentran propicia. Pero, desgraciadamente para ellos, no es cierta.[1]

El Talmud recoge, confirma y amplia varios preceptos de la Torá en los que se regula el ejercicio del préstamo de dinero. En concreto, entre los 613 mitzvot o preceptos talmúdicos se encuentran, según distintas clasificaciones, uno que prohíbe prestar dinero a interés a un judío y otro que ordena prestar dinero a interés a un gentil. Por ejemplo, siguiendo la muy aceptada clasificación de Maimónides, la mitzvot 235 (prohibiciones) consagra el primer supuesto y la 198 (obligaciones) el segundo[2]. Resulta fácil de entender que las autoridades rabínicas tengan un concepto negativo de la usura y en consecuencia prohíban su ejercicio entre judíos. Lo que realmente llama la atención y demuestra la catadura moral de estos sujetos es la diferente vara de medir. Porque, al exigir, en cambio, a los judíos que presten siempre a interés a los gentiles, están demostrando que desean para los demás lo que consideran nocivo para ellos. Actitud, por otra parte, que impregna de principio a fin el Talmud.

La realidad es que los judíos, a diferencia de otros pueblos de la antigüedad, siempre consideraron el préstamo a interés como un negocio lucrativo al que se dedicaron de forma generalizada y con particular entusiasmo. El Talmud anima al judío a acumular riquezas como un signo de la elección divina.

   “Pero, para los judíos, es deseable ser rico, mientras que para los cristianos lo recomendable es ser pobre. Para unos la riqueza es un medio de servir mejor a Dios: para los otros, sólo puede perjudicar la salvación. Para unos, el dinero puede ser un instrumento del bien; para los otros, sus efectos son siempre desastrosos. Para unos, cualquiera puede gozar del dinero bien ganado; para los otros, debe quemar los dedos. Para unos, morir rico es una bendición, si el dinero fue adquirido moralmente y uno ha realizado todos sus deberes para con los pobres de la comunidad; para los otros, morir pobre es la condición necesaria de la salvación.

De hecho, como hemos visto, para los judíos obtener un interés del dinero no es inmoral; y si no debe hacérselo entre judíos, es por prurito de solidaridad, no por prohibición moral.” [3] 

            Esta explicación de Jacques Attali ilustra a la perfección los argumentos tan curiosos que utilizan los judíos para explicar la desmedida pasión que desde tiempos remotos han sentido por el dinero. La pintoresca justificación que hace de la razón por la que los hebreos tienen prohibido cobrarse intereses unos a otros - “un prurito de solidaridad” - y en cambio exigen cobrárselo a los gentiles, ofende al sentido común más elemental.

            Los judíos, como ya vimos, prestan a interés desde siempre porque les da la gana, nadie les ha obligado jamás a hacerlo y sencillamente porque sienten una especial satisfacción cuando exprimen económicamente a los individuos que no son de su pueblo y acuden a ellos movidos por la necesidad y en muchas ocasiones por la desesperación. Claudio Sánchez Albornoz lo explica con claridad:

“Cantera ha recogido la doctrina de los libros sagrados hebraicos sobre la usura. De ellos resulta que los judíos la practicaban desde siempre y con fruición. Hicieron decir a Jehová: “Prestarás a muchos pueblos y tú de nadie tomarás prestado” (Deuteronomio XV, 6); y “Al extranjero impondrás usura, pero no a tu hermano, para que Jehová, tu Dios, bendiga cuanto realice tu mano” (Deuteronomio,XXII, 20. 21).”[4]

            Aún así, Howard Fast, afirma:

“Los antisemitas querrían hacernos creer que los judíos sobrevivieron como prestamistas, aunque no es el caso.”[5]

            Desde luego que no es el caso. Efectivamente los judíos no “sobrevivieron” como prestamistas, se hicieron inmensamente ricos como prestamistas. Y la percepción de toda la cristiandad era ésta. Por ejemplo, el profesor norteamericano Jonathan Ray de la Universidad de Georgia afirma algo bastante distinto de lo que opina Fast:

     “Al margen de los retratos negativos de la literatura, la asociación que hacían los cristianos entre los judíos y el negocio del crédito refleja una realidad social innegable. Al igual que otros judíos por toda la Europa medieval, los de la Península Ibérica estaban activamente involucrados en el préstamo de dinero, y a la altura del siglo XII ser judío y desempeñar esta profesión habían pasado a ser sinónimos a los ojos de sus vecinos cristianos.”[6]

            O, por ejemplo, lo que escribe el profesor de historia medieval Angus MacKay de la Univerisdad de Edimburgo:

“Algunos judíos sí desempeñaron un papel significativo como financieros, recaudadores de impuestos y prestamistas de dinero, y, considerando su número en relación con el de los cristianos y musulmanes que también se dedicaban a estos menesteres, su número era proporcionalmente mayor.”[7]
           
Y de nuevo Jacques Attali confirma este extremo:

“En algunas comunidades, todos los judíos adultos son prestamistas y campesinos, prestamistas y comerciantes, prestamistas y médicos, prestamistas y rabinos. En ocasiones es difícil encontrar a un judío que, por lo menos episódicamente, no se dedique al comercio de dinero. Menahem Ha-Meiri, sabio judío provenzal del siglo XIII, escribe: “Parecería que nadie se priva del ejercicio del préstamo a interés a los gentiles.” Ni siquiera él…”[8]

Y Sánchez-Albornoz:

“Porque no practicaban la usura gentes de poco más o menos: la ejercían médicos, escritores y personas de calidad. Entre los usureros toledanos del siglo XIII figuran en los documentos mozárabes miembros de las  más ilustres familias de la aljama judía de la ciudad: los Nehemías, los Barchilon, los Esteleha, los Xuxan.”[9]

            Y el profesor Yitzkak Baer, de la Universidad hebrea de Jerusalén, en su ya citada obra, un clásico entre los académicos Historia de los judíos en la España cristiana :

“El judío de la Diáspora pasó a ser un intermediario en lo material y en lo espiritual. En la Europa cristiana acabó por hacerse prestamista profesional. Se convirtió en el sirviente leal de los señores feudales, en el banquero, el recaudador de impuestos y el médico del rey. Su posición cerca de la corte la tuvieron los mismos judíos por un don de Dios.”[10]


[1] “El imperio árabe había puesto una fuerte barrera alrededor de todos los países cristianos, formando un amplio arco que abarcaba desde el Atlántico hasta el Cáucaso. Desde la invasión victoriosa del Islam, Centroeuropa se veía desconectada de África, Egipto y el Próximo Oriente, que antiguamente mantenía un activo comercio a través del Mediterráneo. Donde en otro tiempo navegaban los buques mercantes dominaban ahora las flotas de los califas y os barcos piratas de los sarracenos hacían inseguras todas las costas. El flujo de mercaderías y productos de Oriente se abía extinguido y la pimienta y las especias se convirtieron en rarezas costosísimas. Incluso la Iglesia se vio afectada: el incienso y hasta el aceite eran productos escasos.
Sólo los judíos estaban todavía en condiciones de mantener la relación entre el Occidente cristiano y el Oriente mahometano. Sólo ellos podían viajar sin obstáculos a través de los países musulmanes. Dispersados por todo el Islam vivían sus hermanos de religión a los que podían recurrir y de los que recibirían ayuda. Además, ¿quién en Occidente, conocía las lenguas extranjeras? Ellos, en cambio, dominaban varias lenguas.” Werner Keller, op. cit., p. 179.
“Desde los comienzos del período que estamos tratando, las dificultades reinantes en la Europa occidental contribuían a incrementar la importancia del comercio judío. Las conquistas de los musulmanes y su control del Mediterráneo habían cortado los antiguos lazos comerciales que mantenían los reinos germánicos con el Oriente. Esto contribuyó al mismo tiempo a aumentar el aislamiento creciente y la firme animosidad bizantina hacia la Iglesia y los reinos de Occidente. Los judíos pasaron a convertirse en los comerciantes internacionales de la Europa occidental, a la que suministraban los artículos de lujo y las especias que necesitaba, y exportaban a cambio los escasos productos disponibles en Europa hacia los ricos territorios del Islam. Algunos de estos comerciantes judíos se instalaron en paises cristianos, otros continuaron viviendo en los territorios islámicos. Como consecuencia, los lazos que los unían originalmente contribuirían a unificar estas redes mercantiles establecidas.” H.H. Ben-Sasson, op.cit., p. 470.
“El advenimiento del Islam y la conquista árabe del Próximo Oriente, del Norte de África y de España favoreció mucho la expansión comercial de los judíos en las posiciones anteriormente adquiridas en su vasta dispersión.
La libertad de circulación y la tolerancia de que gozaban en los campos que se disputaban la prepoderancia del Mediterráneo hizo de los israelitas los únicos intermediarios capaces de mediar entre el mundo cristiano y el mundo musulmán, y su influencia creció tanto que no tardaron en monopolizar casi todo el comercio entre los tres continentes.” Abraham Laredo, op. cit., p.149.
[2] Existe otra clasificación de los 613 mizvot según están contenidos en la Torá. Esta clasificación se basa en las parashot que cada semana se leen en las sinagogas. Cada parasha coincide con uno de los libros del Pentateuco. La parasha Bereshit (Génesis), la Shemot (Éxodo), la Vaikrá (Levítico), la Bemidbar (Números) y la Devarim (Deuteronomio). En concreto, las mitzvot referidas al préstamo con interés y su aplicación figuran en Vaikrá (Levítico 25, 37) y en Devarim (Deutronomio 23, 21). Éste último pasaje bíblico, no lo olvidemos, perteneciente a la corriente deuteronomista yahvista, la más fanática y xenófoba, redactada en tiempos de Josías, dice textualmente: “Podrás prestar a interés al extranjero, pero no a tu compatriota, para que el Señor, tu Dios, te bendiga en todas tus empresas, en la tierra de la que vas a tomar posesión.” Y el experto talmudista judeofrancés del siglo XIV Leví Ben Guershon, defendía la obligación de cobrar interés siempre a los gentiles: “porque uno no debe beneficiar a un idólatra… y es necesario provocarle el mayor daño posible sin desviarse de la rectitud.” (Citado en Paul Johnson, op.cit., p. 180).
[3] Jacques Attali, op.cit. p.p. 90-91.
[4] Claudio Sánchez Albornoz, op. cit. p. 904.
[5] Howard Fast, op.cit. p. 159.
[6] Jonathan Ray, La frontera sefardí. La reconquista y la comunidad judía en la España medieval. Alianza Editorial, 2009, p. 96.
[7] Angus MacKay, ed. Los judíos de España. Los judíos en España durante la Edad Media. Crítica, 1992, p. 29.
[8] Jacques Attali, op. cit., p. 174.
[9] Caudio Sánchez-Albornoz, op. cit. p. 915.
[10] Ytzhak Baer, op. cit., p. 26.

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