Los judíos y el préstamo a interés

Por la época de la expansión del Islam y la creación de los dos bloques, los judíos eran los únicos que mantenían intactas sus redes comerciales. Los barcos musulmanes de Alejandría, por ejemplo, no podían atracar en el puerto cristiano de Marsella para descargar sus mercancías. Y lo mismo ocurría a la inversa. Sin embargo, un mercader judío de Alejandría sí podía enviar mercancías por barco a otro mercader judío de Marsella que a su vez se las podía hacer llegar a otro correligionario por vías terrestres y fluviales hasta Lyon, Metz o Maguncia (Mainz). Las comunidades judías amasaron grandes fortunas con el comercio entre ambos mundos y muchas de ellas florecieron de forma espectacular. Estas riquezas adquiridas con el comercio les permitieron dedicarse con creciente éxito a otra actividad que siempre les había atraído, el préstamo de dinero a elevadísimos tipos de interés. Habitualmente, los judíos suelen afirmar que su dedicación a la usura se debía a las prohibiciones que los cristianos les imponían para ejercer otras actividades. O dicho de otra forma, los judíos afirman que si se dedicaban a la usura era porque los cristianos no les dejaban otra alternativa. Este argumento tan repetido por los hebreos para intentar justificar su desmedida pasión por el dinero y la usura es tan falaz que resulta ofensivo para el sentido común. ¿Alguien en su sano juicio cree que alguien se hace banquero a la fuerza? A lo largo de la historia los pueblos que han sometido a otros los han obligado a construir ciudades, monumentos y obras públicas como peones de obra, a cultivar tierras en jornadas extenuantes, a servir como tropas de choque en sus ejércitos, a remar en sus galeras, pero, ¿cómo se puede obligar a alguien a prestar dinero al 60% de interés? Los judíos prestaban dinero, primero porque eran los que, con diferencia, más tenían, como fruto de su enriquecimiento con el comercio de productos de lujo entre el occidente cristiano y el oriente musulmán y, en segundo lugar, porque les encantaba ganar dinero sin esfuerzo y a costa de los despreciables gentiles.
Las autoridades rabínicas no veían con buenos ojos el préstamo con interés. Pero finalmente tuvieron que adaptarse a las necesidades del momento y tuvieron que ceder. Pues en todos los países cristianos - a excepción de España y la Italia Meridional - los judíos se vieron forzados, a pesar de sus ideas contrarias, a depender cada día más de esta profesión.”