miércoles, 7 de diciembre de 2011

EL JUGUETE BÉLICO, UNA OPCIÓN MUY RECOMENDABLE PARA ESTAS NAVIDADES. Jorge Álvarez.



La Navidad ya está aquí y con ella los juguetes para los niños. Como resulta que de un tiempo a esta parte se ha convertido en dogma democrático señalar a los juguetes bélicos como algo nocivo para la educación de los jóvenes y culparlos de las actitudes violentas cada vez más frecuentes en nuestra sociedad, me ha parecido oportuno hacer una breve una reflexión en voz alta acerca de este fenómeno.

Pocos juguetes son tan instructivos y recomendables, digan lo que digan todos los presuntos expertos paniaguados del sistema, como los juguetes bélicos. Desde que la democracia se asentó desgraciadamente en nuestra España, una insufrible caterva de psicólogos y pedagogos modernos y “progres”, con la inestimable colaboración de los periodistas y los políticos, (las cuatro “Pes” malditas, los cuatro nuevos jinetes del Apocalipsis, Políticos, Periodistas, Psicólogos y Pedagogos) arremetió con fiereza contra el juguete bélico. Muchos incautos padres, la mayoría, han caído en esa trampa y hoy, los niños españoles ya no juegan a ser soldados. ¡Magnífico! dirán los demócratas babosos de turno. Hemos desterrado los hábitos violentos de la educación de nuestros hijos. Sin embargo, es un hecho, que la sociedad española es hoy más violenta que hace treinta años. El maltrato es moneda habitual en nuestros hogares. Se maltrata a las mujeres más que nunca (digan lo que digan), se maltrata a los ancianos y se maltrata a los niños. La violencia doméstica, un fenómeno casi desconocido ha entrado de golpe en nuestra sociedad. La violencia juvenil también está alcanzando cotas desconocidas y alarmantes. Niños que maltratan cruelmente a otros sólo para divertirse, alumnos armados con navajas en los colegios, se amenaza y agrede a los profesores en los institutos, proliferan las bandas juveniles, se expande el consumo de drogas y alcohol que degenera en el gamberrismo generalizado como diversión de fin de semana... Pero eso sí, pacifismo y antimilitarismo a ultranza. Nunca se han denostado más los valores castrenses que ahora, nunca se han ensalzado y divulgado más los principios antimilitaristas y pacifistas que ahora y nunca la violencia gratuita había estado más generalizada en nuestra sociedad.

Cuando los niños jugaban a ser soldados en una batalla, cuando veían películas bélicas aptas para menores - de las que ya no se hacen, porque ahora hay que mostrar vísceras por los aires y miembros amputados sí o sí - cuando jugaban con sus ejércitos de soldaditos de plástico, los niños entendían la violencia como un fenómeno ajeno a su mundo. Se trataba de una violencia excepcional fruto de una situación – la guerra – también excepcional. Casi sin darse cuenta aprendían que la violencia ejercida a título individual y caprichoso, fuera de un marco concreto, el marco colectivo de un ejército y el de la excepcionalidad de la guerra, era algo malo. Pero además, los juegos bélicos, el tebeo bélico, el cine bélico, enseñaban a los niños que incluso esa violencia de la guerra debe tener alguna justificación superior, se debe ejercer colectivamente por una causa en la que se cree y no se debe ejercer para obtener beneficios personales ni por placer o capricho. Los juegos bélicos tradicionales de los niños no reproducían nunca los excesos perversos de la guerra, los niños siempre se situaban en el lado virtuoso del héroe que juega limpio y vence a los malvados. Estos juegos llevaban además implícitos unos valores que, aunque hoy no suelen ser demasiado considerados por la intelectualidad “progre” del sistema, resultan muy útiles para socializar a los jóvenes: disciplina, sacrificio, valor, honor, compromiso, compañerismo... La pérdida y el desprestigio de principios y valores como los mencionados llevan casi de rebote a los contrarios: rebeldía frente a toda forma de autoridad, egoísmo, hedonismo,  individualismo... Desgraciadamente, la juventud actual se mueve más en torno a estos antivalores que sin ninguna duda provocan las actitudes violentas que hoy están enquistadas en nuestra sociedad. Y los auténticos valores son, tenidos, no sólo por nocivos, sino por retrógrados.

Sin embargo, hoy, los niños y adolescentes actuales ven en la televisión un montón de violencia gratuita, no bélica ni militar, que transcurre en épocas actuales, en ciudades como las nuestras, en barrios y viviendas como las del joven espectador y en las que aparecen asesinos sádicos de violencia indescriptible y héroes solitarios e incomprendidos que se enfrentan a ellos por las calles utilizando métodos tan abominables como los de los villanos. Esta violencia se digiere infinitamente peor que la violencia bélica, pues resulta más próxima y real, más “familiar” y cotidiana. Si a ello sumamos  las horas que pasan jugando con un ordenador o una consola de vídeo a juegos en los que hay que dar palizas sin mayor justificación a quien se ponga delante del protagonista, entenderemos que  el niño empiece a no distinguir lo que está bien de lo que está mal, e inconscientemente llegue a reproducir en su círculo de relaciones las actitudes chulescas que suele ver en la pequeña pantalla y que pueden desembocar en abierta violencia.

La sociedad democrática sigue transitando por el camino de proscribir todos los valores tradicionales y sustituirlos por un peligroso vacío lleno de tópicos intrascendentes y de consignas publicitarias que sólo pretenden convertir a los jóvenes en adultos individualistas y en consumidores compulsivos.

Les aconsejo, modestamente, que no se obsesionen ustedes por regalarles a sus hijos un montón de cacharritos electrónicos de última generación que sólo servirán para convertirlos en unos autistas perfectamente manipulables y les animo a que no se dejen acomplejar por el papanatismo reinante.

Yo, por mi parte, continuaré regalándoles a los míos cascos, fusiles, revólveres y soldaditos en miniatura, continuaré poniéndoles películas como Objetivo Birmania o La Fiel Infantería y animándoles a que lean mis viejos tebeos de Hazañas Bélicas de los inolvidables maestros Boixcar y Alan Doyer.

Que los Reyes Magos les traigan a sus hijos un buen cargamento de juguetes bélicos.

Ellos se lo agradecerán y la sociedad saldrá ganando. Seguro.

5 comentarios:

  1. Jorge, lo voy a postear, con tu permiso.

    Saludos

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  2. Ocón, sin problemas. Un cordial saludo.

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  3. Hola, simplemente saludarte y mi interes en conocerte personalmente, creo que tenemos mas cosas en común que el amor a la Patria. ¡¡Por España y quien quiera defenderla honrrado muera....
    Joaquín Rosal

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  4. Gracias Joaquín y un cordial saludo.Espero que, efectivamente, tengamos la ocasión de saludarnos personalmente.

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  5. Creo que el Juguete bélico es una sana opción para el sano entretenimiento de nuestros hijos. No puedo más que estar de acuerdo con el autor en la idea de que esta es la vía de escape por la que los niños (no "el niño")aprenden a valorar los sanos valores y distinguir el bien del mal, sino canalizan la violencia y la agresividad natural que, de no hacerlo por esta vía, saldrá mas adelante convertida en barbarie gamberra - primero - y asesina después. Si nos ponemos pedantes observaremos cómo el regisro arqueológico nos ha dejado muestras de juguetes bélicos desde la más remota antigüedad. ¡Imbéciles!. Si no le regalais una pistola, vuestro hijo disparará con el dedo índice: dejadles ser normales y enseñadles valores, no les hagáis parecer "teletubbies" que, además, son medio mariquitas. Vuestros hijos, varones y hembras, os lo agradecerán.

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