Mientras tanto, la guerra continuaba. Las mejores tropas de Chiang operaron con eficacia creciente contra los japoneses en el Sur de China y en Birmania, y cuando la guerra tocaba a su fin, allí se encontraban.
En la Conferencia de Yalta, en Febrero de 1945, con la guerra prácticamente ganada, FDR se empeñó en que Stalin, justo en el momento en que Alemania se rindiera, debía atacar a Japón por Manchuria. A cambio, la URSS recibiría compensaciones importantes. Stalin aceptó encantado la idea (y asombrado). Él era perfectamente consciente de que la guerra contra Japón los americanos la tenían también ya prácticamente ganada y le extrañaba la estupidez de invitar al reparto del botín a un país, la URSS , que no había hecho nada en el conflicto y cuya participación era realmente innecesaria.




